Un amigo, que es el tío más prudente del mundo, se metió una vez en un río (que conoce y que en verano sólo es un hilillo de agua) pero esa vez tenía tanta anchura como el ebro y bajaba con mucha mala leche.
Menos mal que se le quedó el coche de frente a la corriente (podía haber volcado de lado) y se paró en unas piedras.
Eso si, el rescate fue brutal:
nosotros juntando todas las eslingas que teníamos y el tuvo que salir del coche, venir donde nosotros a por las eslingas y engancharlas en el coche. Una semana antes había deshelado una nevada fuerte, así que imaginaros como podía estar el agua.
Menos mal que le sacamos sin problemas. Eso si, entre la reparación de motor y de la instalación eléctrica, le salió por una pasta.
Bueno, Pinto, espero que no te salga muy cara la broma!






